¡Hola a todos los que siguen pasando por aquì a pesar del tiempo que tengo sin actualizar! Lamento mi prolongada ausencia, pero aquì estoy de nuevo, con el propósito de no descuidar esta página… al menos no por periodos tan largos.
Por razones de trabajo (dejé mi trabajo anterior en la Administración Pública por razones que en algùn momento comentaré), debo trasladarme con frecuencia a un centro comercial en una de las zonas más privilegiadas de Caracas. Es aquì donde he tenido la oportunidad de observar el comportamiento de las Desperate Housewives venezolanas (VDH).
Las VDH son señoras entre los 30 y los 50 años, casadas y que no tienen necesidad de trabajar (necesidad econòmica, al menos… para mí, el trabajo es más que una manera de cubrir gastos, es una manera de sentirme útil a la sociedad y a mi familia y de sentirme satisfecha conmigo misma, pero en fin). Estas señoras son probablemente graduadas de Educación Preescolar (ojo, sin ningùn desprecio a las maestras a quienes considero de las profesionales más subvaloradas, no sólo en Venezuela, sino a nivel mundial), Odontología o Administraciòn de Empresas ,que se casaron inmediatamente al salir de la universidad (Metropolitana o Católica, por supuesto) y que se han dedicado a hacer… absolutamente nada.
La mayorìa tiene ya dos o tres hijos, cada uno con su respectiva niñera uniformada (si no es uniformada, el resto de la gente no se entera de su elevado status social) y se dedica a ir a la peluquerìa varias veces a la semana a arreglarse las uñas, pintarse y arreglarse el cabello y reunirse a tomar el tè y conversar con sus amigas que son tan desesperadas como ellas. No cocinan ni limpian, porque tienen señora de servicio y, como ya hemos visto, tampoco se dedican a la crianza de los hijos, simplemente se limitan a dejarlos con la nanny mientras ellas se cortan las puntas y se hacen las mechitas.
Los temas de conversación con otras VDH son realmente surtidos: el color de uñas que está de moda, el nuevo modelo de Blackberry, la ropa que se compraron en el último viaje a Miami y criticar a la amante del esposo, a quien jamás dejarán porque eso implicaría… oh, horror… tener que trabajar.
Estas VDH no saben si falta o no el azúcar, el aceite, las servilletas o el papel toilet, no saben pagar un recibo de la luz ni cuánto se les cobra por el servicio de Blackberry. No saben que en los barrios caraqueños hay gente que jamás ha visto el metro. Odian a Chávez, pero sin saber por qué, a ellas nunca les falta el agua o la luz porque tienen bombas y plantas eléctricas en la casa y porque pasan la mitad del tiempo en el resort de Miami. No les importa la ley de educación, ni la inseguridad, ni la situación de los hospitales públicos, ni saben que ya RCTV no existe porque sólo ven cable. No han leìdo un periódico, ni nada más aparte de libros de autoayuda desde el bachillerato. Van a la iglesia todos los domingos, con sus mejores alhajas, pero no dejan de limosna más del vuelto del helado que le compraron a su hijo. Generalmente son grandes católicas, de la boca para afuera; le tienen una fe enorme a la Rosa Mística, pero a las señoras de servicio y a las niñeras no les dan la misma comida que a su familia y les cierran las gavetas de la cocina no vaya a ser que se antojen de algo fuera del horario del almuerzo y la cena. Les avergüenza reconocer que en su árbol genealógico haya algún atisbo de ascendencia indígena o africana, y escarban hasta conseguir algún antepasado que pueda justificar un pasaporte de la Comunidad Europea.
Creen que ir a Francia es ir a la Torre Eiffel, no saben de la belleza de caminar por los barrios de Parìs, ni de comer una crèpe en un puesto callejero. Piensan que un viaje a Europa se justifica por la cantidad de plata invertida en Louis Vuitton. Obviamente, no necesitan molestarse por el cupo de Cadivi, al tener cuentas americanas y europeas no saben el flagelo y la humillaciòn que nos sometemos el comùn de los mortales para pedir NUESTRA plata.
Pudiera continuar por horas… ¿lo más triste? es que todas les están enseñando a sus hijas que lo importante en la vida es encontrar un marido con plata y justarse con la gente “adecuada”, no importa que el esposo las humille y las engañe, mientras a los ojos de los demás sean perfectas.




